Voy a contaros una historia que quizás es falsa, que quizás mis oídos cincelaron a ciegas o que la boca de quien me la enseñó compuso una melodía inaudible sobre ella. Una historia que sea cierta o mágica ocurrió, muy cerca de donde nosotros nos encontramos ahora y se convirtió en leyenda: la historia del Samurai
Kami no Chieisen.
(Pedro, Juanmi ¿me ayudáis a completarla?)Se tachaba en las paredes el día 17 de Abril. El día adolecía de sol y mientras por la calle
cientos de hijos de la tierra gritaban por un sueño, Diego-san, espada también conocida como Diego, se dispuso a dar la bienvenida al Samurai, al que afectuosamente llamaba Pedro.
- ¡Diego, aquí hay más trenes que en una guerra de trenes! - dijo Pedro en un SMS
- Quedamos en el estanque de las tortugas...
- Quedamos cerca de la puerta...- Quédate donde estás...- Quedamos en el metro Atocha...
- Mira, casi mejor en el Ministerio de Agricultura...
- Ahhh, ¿hay un ángel oscuro en el tejado?Tras casi una hora, los dos valientes hombres consiguieron derrotar a su destino y encontrarse, pues la estación fue como un laberinto para sus atormentadas almas. El abrazo que se dieron significaba mucho más que un reencuentro: fue un éxito, la excelencia de sus actos sobre el fracaso. Aquella noche, después de que la cena quedara huérfana de los
exquisitos alimentos que la condecoraban, Pedro y Diego compartieron una cercana conversación, divertida y sincera cuanto menos entre las paredes de aquel humilde tatami hasta altas horas de la madrugada.

El
viernes ameneció por la mañana (claro). Los dos samurais fueron acompañados por el infatigable escolta Tanaka (también conocido como Juanmi) hasta el barrio que, de situarse en Japón, sin duda se llamaría Akihabara, pero aquí nos conformaremos con llamarle "Calle de la Luna y de La Estrella". La sorpresa de Pedro fue máxime al descubrir la gran cantidad de tiendas y de productos que aquellos comercios encerraban: grandes, pequeños, humildes, ostentosos, dispares,
polémicos... había para todos los gustos, incluso para los pésimos gustos...

En un momento, Pedro sintió pavor pues vio a su compañero Juanmi convertido en un Gachapón gigante... suerte que tenía a mano unas dependencias donde tañir sus
pinceles mágicos (un bazar chino, vaya) y deshacer así el hechizo de Okami...

Para celebrar que el grupo se había vuelvo a unir, Pedro adquirió un
manga de un comerciante, que lo trajo de
lejanas tierras. Su cara era el rostro mismo de la seguridad y convicción con su compra. Tal fue la convicción que decidieron llenar sus estómagos con sabrosísimos alimentos underground, para después reposar junto a una vistosa y refrescante fuente (en la que Diego compuso una nueva imagen arquitectónica) y empaparse del misticismo de la estatua de Don Quijote, otro hidalgo como él.
El Matadero. Es el lugar donde Juanmi y Pedro partieron tras dejar a Diego en su
Dojo particular. A partir de aquí la leyenda se torna confusa... El Matadero, antiguo altar de sacrificios, se convertía en estos días en un sofisticado centro cultural donde los más aventajados artistas demostraban sus creaciones más punteras, sin embargo, en el ambiente aún olía a sangre, las paredes aún gritaban y del techo brotaban lágrimas vacunas y bovinas que aún mugían pese a encontrarse ya sus almas en el
otro lado...


Tras vencer a los espíritus
(WTF???) tomaron víveres de un comerciante nómada, entraron en contacto con los monumentos de la ciudad y pudieron observar detenidamente los instrumentos de los
bardos y
bardesas que amenizaban los días grises de las personas grises de esta ciudad gris. Al llegar a casa, un delicioso
wok y el mejor licor de canela les esperarían y otra profunda manifestación de catarsis preonírica hasta bien arrugada la noche.
El sábado, contra todo pronóstico, amaneció tras la noche. Juanmi y Pedro, ansiosos de potencia, acudieron a la Caixa Forum, un sofisticado pelotón de cemento de diseño espectacular y polinización perfecta...
...pero en su interior sólo les esperaba un chasco,
algún cuadro de un ángel y, eso sí, el mejor y más cultureta merchandising que jamás habían contemplado: peluches de El Grito, de Platón, Shakespeare, etc... en un alarde de ociosidad hacia las artes y las ciencias. ¡Y más monos que eran!
Pero el día acababa de empezar. Eran muchos los pasos que darían hasta que el sol cayera y los tres, de nuevo reunidos, decidieron reponer fuerzas en un sencillo apeadero entre Gran Vía y Chueca. Allí rompieron sidra en sus gargantas sin tacto y absorbieron nutrientes diversos para saciar a sus caprichosas células mientras juegos de ingenio e ingeniosos juegos de palabras alimentaban (o no) sus celebros. Después acabaron en el metro, donde el pánico cundió por unos instantes...
...pero pensaron en sus propias conciencias
(aghgh) y llegaron a su destino ¡la pista de patinaje! Durante casi una hora Diego y Juanmi perfeccionaron su estilo mientras Pedro, que hacía años que no separaba los pies del suelo con tanta gracia, los dejaba boquidifusos y patiabiertos, pero sobre todo helados y divertidos por tan emocionante experiencia. Pero aún quedaba algo por hacer esa noche...

Sin prisa, pero con una bulla tremenda, los tres tenores (y Pedro, Juanmi y Diego) se arreglaron, acicalaron, perseveraron y acudieron a un espectáculo de jazz en
un garito a tope de pavos con un rollo cool que te rayas.

El grupo de carcas (nada que ver con
Los Hobbies) tocaron varios clásicos como ... y ... Llegó un punto en que la música era lo que menos importaba y en la que los tres amigos desenvainaron sus mentes y hablaron mucho: de Verbum Dei (por supuesto), de las secuelas del Corto de Manga, de crear, de inventar, de desvariar...
Yo, personalmente me lo pasé de brevas en este concierto al que no escuché a penas XD.
Y llegó el domingo, el día en que la semana se acobarda ante el paso del tiempo y decide llegar al ocaso. Pudimos saborear un potente
Okonomiyaki a la Ghaneroth mientras el
Chthulu nos hacía el pamplina, tras lo cual Pedro
pudo colocar su ficha del puzzle (saboreando
un Rodilla) y hacer un poco el
Leela y el
Gantz (lila y ganso jujuju) para la foto oficial (
¡falso! ¡esto ocurrió en otro momento!)
La leyenda desaparece a partir de aquí... atrás quedan imborrables recuerdos, intachables vivencias y, sobre todo, unos días con una compañía difícilmente comparable.
Yo, Pedro, poco más puedo decir, porque como sabes no pude pasar con vos todo el tiempo que me habría gustado porque
entre unas cosas y otras estuve
más liado que las ladillas de un cavernícola, pero ya sabes que tienes las puertas abiertas para un segundo round ¡Un abrazo y disculpa por la tardanza del post!