En el capítulo anterior... Antonio nos había despertado a las 7.00 para irnos a Ávila. De no haber sido así hubiéramos creído que el mundo se había anclado en una hora antes y hubiéramos perdido el tren y... la vida. Esta vez nuestra estación sería
Chamartín y no
Atocha (destino de Antonio).
El tren, un medio tan fantástico y romántico que nos encontramos a un peregrino desplazado en el tiempo, un par de albañiles rumanos y tres borrachas durmiendo la mona... yo dormía plácido y Juanmi aprovechaba su DS. A las 10.00 llegamos a
Ávila, cogimos un mapilla y nos pegamos un pedazo de desayuno mientras veíamos al Chikilikuatre en el circuito de Jerez :S
Subiendo por el Paseo de la Estación nos encontramos con el Monasterio de Santa Ana (al que rodeamos ante nuestra incredulidad) y después nos encontramos con el Palacete de los Nebreda, que tenía una cristalera mu shula, desde la cual se podía ver un
curioso mapa de la ciudad con un
curioso itinerario turístico. De ahí un par de pasos hasta el Monasterio de San José.
"Tenemos que ir empezando a hacer fotos chorras, que si no queda muy serio el post". Eso dijimos al llegar a la Iglesia de San Pedro, en la Plaza de Santa Teresa. Así que empezamos a posar.
Y entonces subimos al primer tramo de Muralla. Otra cosa no, pero Ávila murallas y yemas: tiene. Y madre, qué escalones, parecían más una pared, y encima destartaladas. Acabamos con los gemelos como un
minotauro.
Ya en la Muralla, más reventados ya que cuando subimos con Frodo las escaleras de
Cirith Ungol, descubrimos unos cartelitos donde explicaba cómo la muralla fue construida por todos los
abulenses (en su día): que si los judíos pusieron los metales, los campesinos tal, los nobles pascual,... Y les quedó mu bien, la verdad, pero se olvidaron de arreglarla por dentro, que nos encontrábamos cada casuchas que daba pena. Y pese a ser tan mañosos en la albañilería no tenían ni idea de relojería... helo aquí el Reloj Caótico (que "
marca a la vez, las horas y los siglos, los grandes acontecimientos, pero también las pequeñas cosas" y mwo mwo mwo) ¿Habrían adelantado la hora?


- ¡¡¡Juanmiiiii...!!!
- ¡¡¡Diegooooo...!!!
- ¿¡Has cogido las llaveeees...!?

Nuestros pasos se dirigieron a un mirador que me había recomendado una amiga

(ah, sí, habíamos quedado con una amiga mía que vive en un pueblo donde no hay ni autobús ni Mercadona). Salimos de la ciudad amurallada y
cruzamos el Río Adaja. Es entonces cuando empezamos a ver que la climatología de la ciudad era un disparate: llegamos con sol, se nubló en cero coma y, de repente, empezó a lloviznar... suerte que duró poco... Pero el clímax del temporal lo pillamos en pleno Mirador de los Cuatro Postes.

A la vuelta, tras cruzarnos con un
señor don Gato, sentadito en su tejado, pasamos por el
Monasterio de Santa Teresa y el
Torreón de los Guzmanes, donde había una exposición sobre los
Vetanios en la que nos pasamos por los huevos la cultura y nos pusimos a
hacer el guinda. Juanmi se lo pasó
pipa viendo un video en pause en una sala vacía.
Fuimos a comer (no chuletón
:( ) a un restaurante cerca del
Mercado Chico para justo después visitar el tramo de Muralla que nos faltaba (¡mientras nos granizaba!) desde donde había unas vistas preciosas de la Catedral y del entorno.
Y para terminar nuestro viaje fuimos al
Monasterio de Santo Tomás, donde pudimos darle sosiego a nuestra alma y reflexionar sobre lo vano de nuestra existencia y lo que acaecía en nuestro mundo.
Además pudimos subirnos al coro, gamberrear por los claustros, ver una exposición de arte oriental (por la jeta) y, para los morbosos, entramos en un museo de gachapones de animalitos muertos y disecaditos (hubo un antes y un después tras encontrarnos una cabrita de seis patitas. Abominable). No me extraña tal miscelánea viendo los
cursos que organizaban...
En resumen un viaje mu shulo y un post mu largo ¡al carajo tocan!